No hay nada de malo en que las cosas que uno
desea lleguen más tarde de lo esperado. Cuando lo que querés tarda en llegar, el deseo
crece, se fortalece. Y ahí tu corazón se prepara para recibir eso que tanto esperas Si no estás listo para lo que deseas, es como comer una frutilla
verde, es amarga, no la disfrutas. Hay cosas que llegan más tarde de lo esperado, y
eso te da ansiedad, frustración, pero por algo es eso. Por algo hay cosas que
se hacen esperar. Cuando menos las esperas, quizá cuando ya
renunciaste a alcanzar ese deseo, es cuando la vida, el destino, lo que sea te
sorprende. Y esas sorpresas son las que más se disfrutan, las que llegan cuando
menos las esperas. Las cosas buenas llegan tarde, dan trabajo, esfuerzo,
dedicación. Cuando uno sabe que lo que viene es bueno, la espera no es una
agonía, es una fiesta. Saber esperar es saber desear. Queremos todo ya, la
comida ya, los resultados ya, levantar el tubo del teléfono y que venga un
delivery y te traiga la felicidad, ahora.
El deseo se vuelve más fuerte cuando uno se toma
el tiempo de desear. Si entre el deseo y la realización no hay tiempo, el deseo
se vuelve débil, descartable. Así que será hoy, mañana, en un tiempo, en el
momento exacto, más tarde de lo esperado, pero eso es muy bueno.

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